domingo, 26 de julio de 2009

23 de Octubre (El día que la Tierra desvaneció nuestras almas)

Después de unos días mi salud había mejorado mucho, incluso ya salía a la calle y dentro de pocos días iba a poder fumar nuevamente (aunque el doctor me lo había prohibido de por vida), había subido un poquito de peso, por fin me afeité, en fin mejoré mucho y me sentía muy bien. Después de una semana de mucha tranquilidad en mi vida salí a caminar por la noche húmeda de Lima, cigarro en mano (y debo confesar con mucho miedo), lo prendí y me puse a fumar, la plazuela donde alguna vez vi una mirada de niña pícara que confundía sus lágrimas con la lluvia de invierno que congelaba hasta los huesos, aquella plazuela me transportó al pasado, aquella noche que vi a esa muchacha de quien no sabía si quiera su nombre, pero veía su alma, aquella niña con una sonrisa encantadora, esa mujer diferente, que no era necesariamente bella pero que era más guapa que ninguna, ella no estaba más en su lugar, y no me sorprendió, ya que las últimas veces que pase por ahí no la vi más, quién sabe quizás estuvo de paso por esta ciudad aunque en verdad no le sentí ningún acento extraño, en fin no existía más que en mis recuerdos, y en mis angustias, en mis temores e ilusiones, en mi cuerpo y mi mente.
A pesar de todo el tiempo y considerando que soy muy despistado para grabarme calles y eso, todavía recordaba el lugar donde te dejé aquella noche que necesitábamos compañía, que nuestras lágrimas pedían una urgente sonrisa, aquella noche que nos ayudamos a sufrir, que cantamos y caminamos, que nos abrazamos y terminamos la noche con un beso que nos alegro un poquito el corazón, y que me dejó con la angustia más grande del mundo.

Pocos días después de haber paseado por la plazuela antigua, decidí ir a ver tu lugar, aquel lugar por donde nunca más me había atrevido a pasar, en cada calle que cruzaba mi corazón latía más y más rápido, desaceleraba el paso y, para ser sincero, me dieron ganas de regresar, sin embargo seguí mi camino llegué como pude al lugar, aquella casita azul con ventanas tan grandes como la puerta misma, miré y miré, pero no me atrevía a tocar el timbre de tu puerta, prendí un cigarrillo y me paré en la acera del frente a esperar tu llegada, cigarro tras cigarro, minuto tras minuto, y nada que llegaras, los huesos congelados me recordaban que la noche estaba por llegar, pero no quería irme de ahí, temía que cuando me vaya llegues tú y me busques sabiendo que estuve esperándote. Mi caja de cigarrillos estaba casi vacía un solitario y húmedo pucho aún sobrevivía al tiempo y mis ansias, decidí matarlo incinerándolo mientras me tragaba el humo de sus restos, dos o tres pitadas y una voz familiar me apuñaló el alma: "me invitas uno", dónde haz estado?, pregunté, y ella me contó una historia que hablaba de hadas y leñadores, de la memoria y la educación, me dijo, según lo que recuerdo, que había perdido la memoria y que yo la salvé aquel día, que mi destino era encontrarla, ayudarla, salvarla, y que ella estaría agradecida toda la vida, y que desde ese momento había ganado más que una amiga, que las risas que le arranqué aquella noche valían más que la vida misma, que sus alas se volvieron a abrir aquel día, que su corazón volvió a latir y que se sentía feliz de haberme conocido...

Si todo eso pasó, por qué no te volví a ver en la vieja plazuela?
Por que sabía que ibas a venir por mí, que las ansias podían más que tú, que lo que sientes ahora, esa mezcla de curiosidad y miedo, ese amor y dolor, esa verdad y falasia, todo eso iba hacer que regreses pero no al comienzo si no al final.

Me invitó a pasar a su casa, un lugar de decoración antigua, muchas cosas de plata y madera, cálido y oscuro, tomamos un café para calentarnos un poco y me pidió que me quedara, no sé por que no acepte, y me despedí besándola con mucha pasión y ternura, tomé tus manos las besé también y soltándolas desaparecí tras la puerta.

Hasta ahora no entiendo bien por qué lo hice, han pasado algunos años y no te volví a ver más, no supe nada de ti, pasé por tu casa dos o tres veces, la plazuela era un lugar obligado en la ruta a casa, y nada. Hoy, no me arrepiento de haberme ido, pero si pudiera retroceder el tiempo lo más probable es que me hubiese quedado.


martes, 21 de julio de 2009

De mí...

Dos de la mañana, el cielo no dejó de llorar desde ayer, doy vueltas en la cama y en el silencio de la noche se reflejan los ruidos de la lluvia, doy mil vueltas en la cama sin poder conseguir dormir nuevamente, me paro, prendo un cigarrillo y empiezo a fumar con una angustia agobiante, necesito salir, ver la calle. No puedo más y me visto con lo primero que veo, y salgo a caminar.

La calle está muy fría y húmeda, no hay gente caminando, ni autos con sus luces iluminando las pistas, no hay más bulla, no hay nada, pareciera que todo mundo está muerto, pero no, sólo están dormidos, dormidos mientras yo camino y pienso mientras más camino más pienso, más fumo y vuelvo a pensar y a caminar. Eran casi las 3 a.m. cuando en una pequeña plazuela vi a una mujer mirando el piso mientras la lluvia se encargaba de ocultar sus lágrimas disfrazándola con una sonrisa de niña buena, saludé casi murmurando, y respondiste de la misma forma, me senté a tu lado y callado prendí otro cigarrillo (mal educado yo no te ofrecí uno, quizás estaba distraído), me lo acabé a borbotones, y la chica de la mirada de niña ni se movía, me aburrió al máximo ese cuadro y decidí seguir pensando y caminando y fumando, cuando me levanto y doy dos pasos, escucho murmurando algo que llamó mucho mi atención... "¿qué haces aquí, despertaste de pronto, y la lluvia te provocó caminar?", "sí, algo así" contesté; "ven siéntate a mi lado, cuentame una historia, hazme feliz o simplemente cuéntame de ti, de tu vida y hazme llorar, y si no quieres hablar sólo calla, prende un cigarrillo y préndeme uno mientras nos miramos e imaginamos hablar y ser felices o llorar".

Prendí un cigarro y se lo ofrecí, me prendí uno yo también, trataba de verle a los ojos pero no podía su mirada jamás se había dirigido a otro lado que no sea el piso, me la imaginaba, le había puesto todos los tipos de ojos que pude idear, me agarraste la mano y me pediste que no me quedara callado, que hable de lo que sea, que le mienta, que diga la verdad o media verdad, si me regalas tu mirada hablaremos de lo que quieras o simplemente escucharas lo que quieres escuchar, le di la última pitada al pucho que tenía entre los dedos y lo boté, mientras en mi cabeza una canción comenzó a rebotar. "Cántala, cántala por favor esa me gusta mucho", asustado y muy asombrado le pregunte que cante qué?, la canción que está en tu mente, respondió, no te vayas abrázame, por favor abrázame, cantemos los dos, yo me la sé también es una de mis favoritas y sé que la tuya también. Cantamos "Cuando ya me empiece a quedar solo" de Sui Generis, cuando terminamos la última estrofa, levantó la mirada y sonriendo me dijo "gracias".

Era linda, no la mujer mas bella del mundo, pero si más bella que ninguna, no tenía ojos grandes, ni una nariz perfecta, menos una sonrisa bonita, pero había algo que era más bello que todas esas virtudes vanas juntas, era auténtica, lloró cuando tuvo que llorar, no le importó el lugar ni la hora, no le interesó estar toda mojada bajo la lluvia ni compartir su banca con un extraño, y no dudo en cantar la canción que queríamos cantar, su voz que no era una voz de paridad me estremecía, y su mirada de niña buena me cautivó. Dos horas después estábamos en la arena sentados frente al mar, abrazados y cantando mil canciones que se nos ocurrían en el momento, me corrías tirándome arena, y después yo hacía lo mismo; cuando queríamos descansar nos caíamos en la arena riendo hasta llorar, ahí recostados vimos como salía el sol y como tus lágrimas se transformaron en sonrisas, y mis ansias se vieron domadas con esa mirada de niña buena. Al pararnos me tomaste de la mano y caminamos juntos hasta llegar a tu casa, me diste un beso y un "gracias" y caminaste a tu puerta.

No te volví a ver nunca más, fui a la plazuelita una y mil noches, regresaba a la playa todas las mañanas y nuca te volví a ver, mas sin embargo jamás regresé a tu casa, y cuando estaba cerca, me detenía y regresaba para no pasar por ahí, hoy después de tanto tiempo con la muerte a mi diestra espero que antes de morir pueda volver a ver tu mirada de niña buena, y esos ojos que no son grandes y esa nariz que no es perfecta, en fin, sólo quisiera volver a verte.


domingo, 19 de julio de 2009

Ángeles del destino

Para las personas que creemos en el destino y sabemos que todo está escrito en nuestras vidas y que, si bien es cierto, algunas cosas pueden modificarse en el camino, siempre el fin es el que tenemos trazado y eso por más modificaciones que haya sufrido nuestro destino no cambiará nunca, no existe casualidades y nada se deja al azar, todo pasa por que tiene que pasar, todo sigue un rumbo, una ruta que nos lleva por este sendero llamado vida.

Si bien es cierto que es esto lo que creemos (o al menos yo y algunas de las personas con las que he conversado del tema), ayer o mejor dicho, hoy en la madrugada el destino me dio un golpe bajo, muy bajo, y dolió, dolió tanto que me gustó como la sonrisa tierna de niña, como esa personalidad arrolladora, como ese huracán incontenido como tu curiosidad, como esa voz tan aguda que me quiebra los tímpanos, como tu mirada de nena que no mata una mosca, en fin como todo eso así el destino me dijo que no todo está escrito y que cuando hay modificaciones a veces el final se altera también.

Un sábado como cualquier otro, dormir hasta tarde después de una noche larga de insomnio provocado (como siempre atentando contra mi vida misma), por la tarde el trabajo pasa sin novedad, cerca de las 5 de la tarde salgo a casa de mi mejor amigo, hoy a la noche se celebra el cumpleaños de "La Roja" (mi otra mitad), y de Erika una amiga entrañable; el itinierario era: primero ir donde Carlitos a recoger unas cajas de cerveza, después a comprarme unas zapatillas y de ahí a mi casa para largar a casa de "La Roja", hicimos todo lo que teníamos que hacer y cerca de las 9 de la noche partimos, Jose, Carlitos, Bananín y yo hasta la punta de un cerro en una zona exclusiva de esta ciudad. Al llegar a la fiesta todo era alegría obviamente, vi después de mucho tiempo a los papas, y a Dianita que ya la había visto hacia un par de meses si no un poco más. En fin, todo paso sin mayor sobresalto, conocí a una chica muy simpática y bonita se llama igual que "La Roja", pasamos juntos conversando un buen rato, y riendo mucho con las cosas que digo, en fin. Salí de ahí como a las 2 a.m., para dirigirme a la otra reunión que tenía en un conocido casino miraflorino, al llegar y discutir un poco con el chico de seguridad, que no me creía la mentira que le decía para poder pasar a esas horas, logré subir y encontrarme con mis amigos, la primera persona que vi fue a mi hermano de cariño Hanna, pero quien me saludo primero no fue el, si no una niña linda, muy sonriente "Hola Betito", me dijo, y yo algo desencajado le lancé un "hola, cómo andas", muy cordial, luego de saludar todo el mundo y ver el show de mis amigas bailando en el escenario, me serví un poco de Wiskhy, y me puse a beber, con la duda de saber quién era exactamente esta niña tan linda y agradable, tan dulce con esa candidez de niña que me atrapó, con esa mirada pícara y traviesa, con todo eso que aún no termino de descubrir, con lo que no quiero descubrir, con todo ello, seguía pensando, quién es esta niña linda?, teníamos amigos en común, sabía mi nombre, pero yo no la recordaba, de hecho su rostro se me fue haciendo familiar después de unos minutos, pero no la recordaba.

Bailamos mucho, a pesar que los dos tenemos dos pies izquierdos, nos reímos más, me encantaste en demasía, y te fuiste de la misma manera que te vi, tan rápido como me diste la bienvenida saliste corriendo de ahí.

Si bien los que creemos en el destino sabemos que todo está escrito, la madrugada de hoy me demostraste que existen los ángeles, y que la persona que busco tiene tu sonrisa, tu espíritu de niña traviesa, esos ojitos pícaros, tu voz aguda, tus pies izquierdos, tu curiosidad huracanada, tu personalidad arrolladora, tu encanto, pero lamentablemente esa persona no eres tú. Gracias por demostrarme más colores que los que conocía y gracias sobre todo por alegrarme una noche especial, tan especial como tú, y aunque no recuerdo aún como nos conocimos, siempre voy a recordar la madrugada de ayer.


domingo, 28 de junio de 2009

Viernes 4 a.m. (AS)



No pienses, a veces el pensar hace mal...
El teléfono en el velador no paraba de sonar, eran las 4 a.m. y quien llamaba era una persona amiga, dudé en contestar, pensé no hacerlo pero lo hice, su voz como siempre me llenó de alegría (a pesar de la hora), necesitaba verme me dijo, quería que vaya otra vez a salvarla de su mundo gris y lleno de complicaciones, nuevamente las dudas en mi cabeza pero esta vez le dije que lo dejáramos para mañana que vaya a descansar y que al amanecer nos veríamos para conversar, me colgó y no pude dormir más, cinco minutos después volvía a sonar el teléfono y el corazón me pedía contestar, "OK dónde estás" dije, "en veinte minutos llego". Sin más me levante, fui al baño a lavarme y tirarme un poco de agua a la cara para poder despertar del todo, me cambié y fui corriendo a su encuentro.
Un bar de no muy buena reputación me abría las puertas, subí al segundo piso y me encontré con su amiga que me dijo todo lo que ya suponía, otra vez deprimida y
triste. De pronto salió ella, no ha cambiado mucho, por ahí unos kilitos de más pero igual o más bella que antes, sus ojos grandes y negros que tanto me gustan estaban con una pena muy grande, no atiné a otra cosa que darle un beso y abrazarla muy fuerte, esos abrazos sinceros, esos que te aceleran el corazón, hablamos buen rato, reímos un poco y lloraste algo, su amiga ya se había ido, y estábamos sólo ella y yo. No podía entender muy bien por qué te estaba sucediendo; y cada lágrima que derramabas me hacía pensar "nada de esto hubiese pasado si yo hubiese sido más valiente y hubiera luchado por ti".
Salimos de ese antro y nos fuimos supuestamente a tomar unas cervezas y a dormir un poco, pasamos antes por un cajero a sacar algo de dinero, tomamos un taxi y nos dirigimos a comprar las cervezas, en el camino después de haber comprado la birra nos desviamos a la playa, querías ir a un lugar que te traía recuerdos, tristes recuerdos. Cuando llegamos la tristeza nuevamente se apoderaban de tu mirada, y yo impotente por no poder ayudar, por no tener la palabra precisa, sólo te miraba. Estaba un poco fastidiado (debo admitirlo), pero era por que no quería verte mal y sé que ese lugar no era precisamente el que te hacía feliz.
Tomamos un rato y el amanecer con su rocío nos avisó que era hora de volver, no le hicimos caso por unos minutos, pero luego a tanta insistencia mía aceptaste de mala gana ir a descansar, te recostaste en mi pecho y me abrazaste muy fuerte, yo por inercia pero con todo el amor del mundo respondí con un abrazo igual, nuestras mejillas estaban juntas, y entre palabras y palabras nuestros labios se acercaban, sabía que si sucedía iba a tener un mal resultado, me resistí lo más que pude pero caí, respondí a un beso que me gustó y mucho, pero que no era posible, no en ese momento, me alejé, pero nuevamente tus labios se juntaron con los míos, y me dejé llevar, hasta que mi cabeza nuevamente me dijo "¡para!" y autómata yo hice lo que me ordenó, "para, me muero por besarte, pero no ahora, si tiene que suceder va a pasar, pero no ahora, no es el momento" te dije, nos separamos al instante yo miraba la ventana del auto y las casas pasar, tú cerrabas los ojos, no sé si para dormir o para olvidar lo que había pasado.
Llegamos al hotel donde íbamos a dormir un rato, entramos al cuarto y dormimos cual niños, antes te tape un poco para que no sintieses frío, y después como pude me recoste en la cama.

No sé por qué pasó, pero hubiese matado por que esto haya pasado ocho años atrás, en ese momento todo hubiese sido alegría para mí, y sé que para ti también, hoy las cosas cambiaron y mucho, tú y yo ya no somos los mismos, la vida nos invitó a jugar su juego, algunas veces perdimos y unas pocas ganamos, nos tocó llorar y hubo ratitos de felicidad. Hoy nuestros sueños mutaron, se transformaron, nuestras prioridades son ocupadas por otras personas, nuestro barco lleno de ilusiones partió hace mucho tiempo, y no sabemos si se perdió o se hundió.
No me siento bien con lo que pasó, no me siento bien con esos besos de papel, y puedo asegurar que tú estás pasando por lo mismo, sucedió algo que nunca debió pasar, nos dejamos llevar por el momento sin detenernos a pensar un poquito en los daños colaterales que traería como consecuencia. No quiero perderte, no quiero que te alejes, hoy te necesito más que nunca, y tú me necesitas también, ayer te prometí que te iba a ayudar, y hace unos años te prometí que no me alejaría hasta verte feliz, y a pesar de todo lo voy a cumplir, no me voy a ir de tu vida tan fácil, no voy a perder esta linda amistad que nos une desde siempre, no por un echo fortuito voy irme de tu lado, no lo hice antes y ahora mucho menos.

No pienses a veces pensar hace mal, te lo dije por la tarde, y sin embargo hoy estoy pensando y me siento muy mal.

miércoles, 24 de junio de 2009

Beto, la ventana, bicicletas y la tierra mojada

Recuerdo hace algunos años atrás (en realidad no muchos, unos 20), la vida era todo más simple, uno despertaba a bañarse, vestirse, tomar desayuno e ir al colegio, donde a título personal yo iba a divertirme, hacer travesuras por montones, estudiar poco y conocer amigos nuevos. Eso sucedía en época de escuela, cuando estaba de vacaciones era diferente la cosa y más aún si me iba a visitar a mi familia en el interior, buenísimo. Me despertaba generalmente a las 9 de la mañana, tomaba desayuno y me iba a jugar a la calle con mis primos y amigos de la infancia, la clásica carrera de bicicletas en las pistas de tierra yo alucinaba estar en una carrera de motocross, nos paseábamos todo el pueblo en bici por las mañanas; íbamos al cementerio, al mercado, a la carretera, en fin éramos unos aventureros en dos ruedas, y de verdad así nos la creíamos, Marco, Hugo, Martín y yo, perseguíamos a las chicas que iban en los mismos medios de movilización que el nuestro para terminar jugando a los policías y ladrones (la ingenuidad de la época), hacíamos carreras de nunca acabar, bueno sí se acababan, cuando una de nuestras madres salía a buscarnos para almorzar.



Luego, por la tarde un partido de fútbol para bajar el almuerzo, ¡vaya forma de hacerlo!, yo nunca fui un Maradona en el fútbol, pero siempre cumplía y me mataba por el equipo, no era muy técnico, pero algunas jugaditas me salían Yuri, Pilón, son los nombres que recuerdo, y recuerdo también que jugábamos frente a la casa nuestra, y a la casa de la señorita Howell, una anciana profesora, que en verdad se la pasaba tratando de ahuyentarnos, renegando, tirando agua a la tierra para que no juguemos más, pero con agua o sin ella siempre celebrábamos muchos goles, era una anciana de esas que no te dan ganas de saludar pero que con la mirada inquisidora de la madre lo hacías de compromiso, mas a pesar de todo eso, en el fondo yo sé que la señorita Howell nos quería.

Esos partidos de fútbol que jugábamos frente a casa y frente a casa de la señorita Howell, también lo jugábamos frente a casa de Erika, una niña linda (según lo que recuerdo), era como la niña de la ventana, siempre la vi así, sus papás eran muy chapados a la antigua y represivos de sobremanera, no la dejaban salir seguido y si lo hacía sólo con chicas. Las malas lenguas decían que ella estaba enamorada de mí, y yo niño tímido sólo me sonrojaba y reía o a veces me molestaba, Erika llegó a gustarme e incluso un día me mandé y le dije que me gustaba y quería ser su novio, quizás ese fue el momento de mayor tensión, no recuerdo bien pero no creo haber tenido mas de 11 años, y ella era mayor que yo por un año e incluso más alta, llamemosle el primer amor, de pronto el más tierno, el más puro, la ilusión, las primeras cosquillas en la panza, los primeros latidos acelerados del corazón, los primeros sueños, la primera desilusión, la primera decepción, en fin (con estas últimas palabras deben captar que la respuesta fue obvia), un NO rotundo que me creó alguna suerte de resentimiento que se borraría en un par de horas jugando "lingo" con los primos y amigos, Cynthia, Marco, Carlita, Lili, Martín, Gaudi, Erika, Hugo, Luchito, René, La Pochi, y obviamente yo, jugando hasta que el sueño nos venciera, todos éramos amigos, todos nos cuidábamos, linda época esa.



El tiempo pasó y no voy a olvidar jamás mis viajes a la hacienda Cayaltí, un lindo lugar, el sitio donde aprendí a ser niño, donde mi niñez dio paso a la adolescencia y donde regresé ya joven, el lugar donde vivió mi madre, mis tías y tíos, mis abuelos, algunos primos, grandes amigos, mi primer amor, mi primera fantasía sexual, un lindo lugar para morir, un gran lugar para ser feliz, para ser niño y jugar. Hoy 20 años después de mi primer recuerdo de Cayaltí sé que tengo que agradecer a mis viejos por haberme llevado allá, por dejarme ser sin restricción alguna, a mis amigos y primos por estar y dejarme entrar, sé que por más tiempo que haya pasado siempre nos recordaremos, no supe más de Erika, Hugo, Lili, Luchito, René, La Pochi, Liliana, Carlita, Verónica, Luchito (otro por si acaso), no supe más de nadie, pero sé que en algun momento de su vida ellos recordarán una parte de su niñez y en esa parte chiquita estaré yo, de pronto y no se recordarán si quiera mi nombre pero sabrán que existí, gracias chicos, y señorita Howell, dentro de todo la queríamos, que descanse en paz Señorita Howell.


lunes, 22 de junio de 2009

Un Domingo Para Siempre (AS)

Después de algún tiempo vi a una persona que me alegra la vida, hacía poco menos de un año que por distintas circunstancias (y por que no me gusta estar mucho rato en un mismo lugar ni con las mismas personas), nos separamos fisicamente, por que siempre y como siempre te pensé y sé que tú a mi también.
Estaba nervioso, el corazón me latía a mil, ya la había distinguido entre la multitud, las calles en invierno no están tan congestionadas como en el verano aburrido, me acerqué sin que te dieras, cuenta te tapé los ojos con las manos, y tu sonrisa dibujó esos dos hoyitos que me encantan, tu voz me preguntaba cómo estaba con una ternura de niño, y tus ojos ya descubiertos grandes y negros, que te me muestran tal como eres, desnuda tu alma que ya la conozco muy bien. Mirándote a los ojos te encuentro feliz, como nunca antes habías estado y de verdad eso me puso muy bien, el verte sonreír, soñar, hablar con esa paz que siempre quise para ti, lo que creía encontrarías sólo conmigo (que tonto fui al creerme el mejor).

La noche pasaba entre expresos y cigarrillos, entre recuerdos del 2000 y 2001, entre besos y te quiero, no habíamos llegado a la mitad de la velada y yo ya estaba pensando en como terminaría la noche, y cuando el silencio volvía a ser el tema principal un fuerte abrazo, con un beso y un te quiero nos regresaba a nuestra tertulia de recuerdos, de supuestos, de nuestra familia imaginaria, de un auto que lo manejarías tú, de la nana, y dos hijos, de que tu nombre no te gusta para nuestra hija, entonces sería Halana dije, me gusta ese o Fabiana, además queda con tu apellido (perdón, pero a veces soñamos muy, muy alto), nos reímos demasiado imaginándonos como hubiese sido el estar juntos, parecíamos dos niños imaginando su futuro de grandes, me transporté al invierno del 2000, donde todo era puro, donde yo aún te estaba descubriendo y cada cosa nueva me enamoraba.

Tres expresos y una cajetilla de cigarrillos nos avisaron que era hora de volver a casa, en mi cabeza ya todo estaba decidido, alguna vez le juré a esta chica que no me iría de su vida hasta verla feliz, hoy es tiempo de partir, la felicidad tocó su corazón. Emocionalmente está bien, anímicamente mejor, entonces no hay más que decir, un beso en la frente, un abrazo de esos interminables, una mirada de esperanza y una promesa de volvernos a ver, que ni tú ni yo la cumpliremos, los supimos en nuestros ojos y en esa risa de complicidad traicionera, entraste a tu casa, yo me quedé parado mirando tu puerta y fumándome otro cigarrillo que me recordaba nuestra noche perfecta, para un final feliz.

Hoy tirado en mi cama con la garganta reseca de tanto fumar, en un cuarto solitario y oscuro, con una radio que me canta las canciones de ayer, que me recuerda tu canción, mi canción. Una cama tan dura que los huesos duelen al despertar, hay algunas botellas por ahí en el piso, la llena no la toques que es para terminar la semana emborrachándome con el recuerdo de tu partida, con la esperanza de que aquella promesa de volvernos a ver, con ese beso en la frente y esa risa de traicionera complicidad, lo mismo que espero hace algo más de 30 años.

Gracias por dejarme ese recuerdo tan grato, ese recuerdo de la última vez que nos vimos, gracias por ser feliz, por que si aún no llegas a mí es que sigues estando feliz, gracias por descubrir mi lado amable, y por no regresar y no cumplir la promesa.

viernes, 12 de junio de 2009

Don Amador



Don Amador sin temor a equivocarme fue el mayor y mejor referente de la música afroperuana, un maestro en el zapateo que al ritmo del cajón deslumbraba a propios y extraños, no era raro verlo tocar el violín con gran destreza. Un negro alegre que nació en "El Carmen" en Chincha, artista cien por ciento, Don Amador no solo se dedicaba a la música él también trabajó en construcción y es ahí donde lo conocían como "Chanpita", un maestro de maestros, alegre, jovial, gran amigo (según cuentan), una persona que abría las puertas de su casa a cualquier visitante, un artista de los que ya no existen, un ser humano muy generoso que nos supo arrancar más de una sonrisa cada vez que subía a un escenario, un señor con todas sus letras.
Gracias Don Amador por tantos momentos felices, que descanses, hoy los angeles de Dios zapatearan al ritmo de cajón y tu violín.... a gozar sabroso "Chanpita"...